sábado, 20 de octubre de 2012

... hay gente buena. Y hay de la otra...



Primero, la Otra usó su ropa. Comió en su plato, durmió en su cama, caminó en sus zapatos.
Se cortó el flequillo (porque Ella usaba flequillo), estudió sus letras, trabajó con niños.
No había caso. La Otra no lograba ser Ella y el Hombre lo notaba.

Entonces, la Otra se le presentó a Ella en su casa.
- ¿Qué hacés acá?- preguntó Ella.
- Quiero tu piel- dijo la Otra y la tomó por los pelos y le ató las manos.
La colgó en la pared como una estrella. Los brazos abiertos, las piernas abiertas. Desnuda.
Y empezó a trabajar con el cuchillo como si la dibujara. Una línea aquí, un trazo allá.
Repasó los cortes con el dedo y observó su obra. Sonrió satisfecha. Estaba lista. Ahora venía lo mejor.

La Otra le retiró a Ella la piel muy poco a poco para no romperla. La dobló con cuidado como si fuera una prenda de seda y se la llevó.

A la noche, la Otra vistió la piel de Ella. Y se metió en la cama.
El Hombre dijo Ella en un susurro y la Otra se estremeció. El amor fue más dulce que otras veces y el sexo, más desenfrenado.

- Ya estamos- pensó la Otra pero no. Al día siguiente todo fue igual. El cielo seguía gris y ella todavía era la Otra.
El odio se le hizo más intenso. Volvió a la casa de Ella (que seguía viva, inconsciente, suplicante).
La Otra tomó el cuchillo con cuidado, lo clavó en el pecho de Ella y le quitó el corazón.

Una vez en la casa del Hombre, se dispuso a preparar la cena. Peló, picó, hirvió. Sazonó, doró, glaceó.
Puso el mantel amarillo y las servilletas rojas, los candelabros de cristal, los platos de fiesta. Encendió las velas. El aroma ocupaba el ambiente.
- ¿Festejamos algo?- preguntó el Hombre.
- Nada especial- dijo la Otra y sirvió la comida. Corazón al vino blanco con puré de calabazas.

viernes, 12 de octubre de 2012

... lo que no se ve, ¿no existe? Lo que no se dice, ¿no es? Lo que se hace a oscuras, ¿no vale?
¿Así es el juego de los simuladores?

viernes, 5 de octubre de 2012

... todas las noches son iguales.
El asunto empieza en la cocina de los vecinos. Primero, grita la madre. Después grita el hijo. Después, la madre. Después, el hijo. Después, la madre, después el hijo, después la madre, después el hijo, después la madre.
El chico sube corriendo las escaleras. Y la madre, atrás.
Tres gritos de la mujer. Dos del hijo. Uno de la madre. Uno del hijo.
El padre sube en silencio. Sus pasos son de algodón. Se acerca en silencio, escucha en silencio y grita bien fuerte: "¡Bueno, basta!" Corto. Contundente. Grave.
Todos se callan.
El padre se encierra en su cuarto y empieza a golpear con un martillito vaya uno a saber qué cosa. Toc-toc-toc-toc, toc-toc-toc-toc, toc-toc-toc-toc...

viernes, 28 de septiembre de 2012

...en el secundario de la esquina de mi casa les inflan a los pibes el cerebro con conocimientos inútiles. Y los pibes engordan y engordan y engordan sus mentes con naderías inservibles y cuando están tan abultadas sus cabezas que ya no entran más en el recinto, los largan como si dejaran escapar el aire de una olla a presión. 
Y ahí salen los pibes desenfrenados -entre gritos, patadas y escándalo-, corriendo para que el colegio no explote.

viernes, 21 de septiembre de 2012

... la humedad se presentó sin que la invite y se pasó la tarde entretenida, dibujando soles en el techo de Serrano.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

sábado, 8 de septiembre de 2012

... la mentira se escapa de las líneas del correo. Chorrea como una baba negra, inmunda. Resbala sobre la mesa, cae al suelo, se arrastra, se desparrama, se esparce. Deja todo pringoso y hediondo. Ensucia los cuartos, los ennegrece, todo lo afea. Abre la alacena, se prepara un café. Se calza los tacos y camina con descaro, omnipotente.

La mentira tiene nombre y apellido.

La mentira ahora duerme en la casa.