... silenciosa está la tarde, poblada de secretos. La lluvia está vacía. Florecen los jardines. Evoco un marzo alado, un viento azul, la puerta tan sombría.
Se cierran las palabras. Los pájaros contemplan. Doy vida a los cristales empolvados. Y tejo las tinieblas amarillas.
La casa está pintada de penumbras. Conoce mi memoria los paisajes inquilinos, habitados de sábanas furtivas, de umbrales deshonestos, de demonios, de engaños, de mentiras, de tormentas de egoísmo.
Sueño que vuelven sus virtudes. La sorpresa se tiñe de pájaros azules, dibujo caminos perfumados, trueco la sombra en luminoso día.
Sopla un viento suave. Mi piel se ve entonces al espejo. Los versos ladran mil palabras. Y mi pie tropieza con la piedra una vez más.
Los ángeles caen. Áridos. Se hacen pensamientos.
Y vuelve ese huesped aparente y mis dedos arañan la sospecha.
Las gotas de la lluvia penetran puntuales en mi mente.
Las moscas aletean en la oscuridad sin esperanza.
La noche se adelanta.
La oscuridad es implacable.
Y la cólera vomita su delirio y escribe con su voz tan dolorosa. Imprime los pendientes en el fondo del olvido.