domingo, 26 de agosto de 2012

... al final decidieron repartirse el tiempo y el espacio. 
Y dividieron el mundo por mitades, para no tener que cruzarse ni una vez. Para no verse nunca más. Para no sentir. Las veredas pares eran para uno, las impares para el otro. Los días laborables para uno, los feriados para el otro. Los días de lluvia para uno. Los soleados para el otro. El sol para uno, la luna para el otro. Y así transcurrió la vida suavemente.
Y todo permaneció tranquilo. Estanco.
Una vida repartida. Una vida acotada. Una vida solitaria. Una vida de amargura.

martes, 21 de agosto de 2012




... soñó que él volvía a una casa que era su casa y no lo era. Estaba muy ojeroso y pálido y ella supo de inmediato que había cortado donde tenía que cortar y pegado donde tenía que pegar.
Y, a pedido de él, se unieron en un abrazo  y se tiraron en una cama (que era su cama y no lo era) como si fueran un tangram, un rompecabezas chino en el que las formas son variables y las piezas, imprescindibles.
Ella lo acariciaba en la nuca y en el sueño, sus dedos verdaderos, sus dedos de la vigilia sentían la piel de la nuca de ese hombre. Dolorosamente.

Y ella lo miraba con ojos de perdón y corazón de temerosa incredulidad, de incertidumbre.

Y el sueño terminó con la luz del día. 
Y la realidad sacudió las sábanas y tendió la cama. 

domingo, 19 de agosto de 2012



...mis palabras transformadas en silencio
ahora vuelan por las nubes
y se escapan con el viento.
Ya son nada, nada, nada
porque no hay en este mundo
quien dibuje lo que siento.