viernes, 3 de febrero de 2012

... el calor se babea, escupe su saliva inmunda. Las gotas caen una a una. Acarician mi frente, bajan por las sienes, resbalan por el cuello, juegan en mi espalda. Todo lo mojan asquerosamente.
El calor suda su desgracia. Llora su tristeza.
El calor chorrea su agónica baba de fiaca.
Y entonces,  nadie tiene ganas de hacer nada.

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