martes, 4 de septiembre de 2012
... es una mujer araña. Lo fagocitó de un día para otro. Sin hacer ruido. Con astucia angurrienta.
Y una vez que lo tuvo dentro, le inyectó el veneno de la maldad y parió a otro él, uno egoísta y desconsiderado.
Se alimentan el uno del otro. A diario se chupan y se sorben. Se succionan la maldad. La engordan. Se engordan, se retroalimentan a sí mismos. Se contagian, se enferman, se enriquecen. Se retroalimentan de maldad.
Ahora ya son dos bichos horribles.
Y una vez que lo tuvo dentro, le inyectó el veneno de la maldad y parió a otro él, uno egoísta y desconsiderado.
Se alimentan el uno del otro. A diario se chupan y se sorben. Se succionan la maldad. La engordan. Se engordan, se retroalimentan a sí mismos. Se contagian, se enferman, se enriquecen. Se retroalimentan de maldad.
Ahora ya son dos bichos horribles.
domingo, 26 de agosto de 2012
...
al final decidieron repartirse el tiempo y el espacio.
Y dividieron el mundo por mitades, para no tener que cruzarse ni una vez. Para no verse nunca más. Para no sentir. Las veredas pares eran para uno, las impares para el otro. Los días laborables para uno, los feriados para el otro. Los días de lluvia para uno. Los soleados para el otro. El sol para uno, la luna para el otro. Y así transcurrió la vida suavemente.
Y dividieron el mundo por mitades, para no tener que cruzarse ni una vez. Para no verse nunca más. Para no sentir. Las veredas pares eran para uno, las impares para el otro. Los días laborables para uno, los feriados para el otro. Los días de lluvia para uno. Los soleados para el otro. El sol para uno, la luna para el otro. Y así transcurrió la vida suavemente.
Y todo permaneció tranquilo. Estanco.
Una vida repartida. Una vida acotada. Una vida solitaria. Una vida de
amargura.
martes, 21 de agosto de 2012
... soñó que él volvía a una casa que era su casa y no lo era.
Estaba muy ojeroso y pálido y ella supo de inmediato que había cortado
donde tenía que cortar y pegado donde tenía que pegar.
Y, a pedido de él, se unieron en un abrazo y se tiraron en
una cama (que era su cama y no lo era) como si fueran un tangram, un
rompecabezas chino en el que las formas son variables y las piezas,
imprescindibles.
Ella lo acariciaba en la nuca y en el sueño, sus dedos verdaderos, sus
dedos de la vigilia sentían la piel de la nuca de ese hombre. Dolorosamente.
Y el sueño terminó con la luz del día.
Y la realidad sacudió las sábanas y tendió la cama.
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